viernes, 5 de agosto de 2011

Seísmo.

Ya no sé siquiera qué corre por mis venas... Tal vez ira, tal vez un sentimiento abrasador como el fuego del infierno, innombrable, indescriptible. Mis puños se cierran con fuerza hasta crujir de una manera estruendosa.
Rabia. Dolor. Ellos son ahora los dueños de mi corazón. Sin dejarme ir, sin permitirme escapar de la locura que se apodera de mi alma poco a poco, día a día, segundo a segundo. Es como un gran tsunami que invade mi mente, eliminando cada pensamiento positivo que me quedaba un minuto atrás. Sé que me quieres, de algún modo lo sé. Aunque no estoy segura de si estoy cada milésima en tus pensamientos, tal y como lo estás tú en los míos.
Quiero llorar, quiero estallar, ser yo misma ese tsunami, y con suerte llegar de nuevo a tu corazón.
...pero no puedo. Algo impide a mis ojos derramar lágrimas. No sé lo que es, pero me destroza por dentro esa sensación de casi no poder respirar, parecida a la de un recién nacido antes de ser reanimado. La diferencia es que yo aún no he cogido esa gran bocanada de aire antes de derramar un millón de lágrimas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario